Ilustración de Pep Tur  ((pendiente))

Última Hora,  FDS, 12 de diciembre de 2003

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Hoy, si le parece bien,
podríamos hablar de
un libro que empezó
con cierta imagen de “best seller”,
como una novela de aventuras.

El caso es que lleva
más de medio siglo en el mercado
y aún se vende bien.

Se ha convertido en un clásico,
tal vez sin pretenderlo.

A mí me gusta mucho.

Mika Waltari era finlandés. Escribió un buen número de novelas históricas. Esta es la más conocida, y posiblemente la mejor. Las conversaciones entre los personajes le permiten “colar” grandes dosis de ideas sobre todo lo divino y lo humano, que son los valores permanentes del libro.

La acción comienza en Tebas, unos catorce siglos antes de la era cristiana. Sinuhé es un niño abandonado que aparece flotando por el Nilo en un cesto de mimbres. El médico Senmut y su esposa Kipa lo adoptan. Estudia medicina en la Casa de la Vida del templo de Amón. Tiene varios amigos, entre ellos el artista Thotmés, y Horemheb, que quiere ser militar.

Por razones que no voy a contarle, se va a Siria con su esclavo Kaptah, un personaje tragicómico que me recuerda irresistiblemente a Sancho Panza. Por la misma regla de tres, Sinuhé se parece un poco a Don Quijote. Ejerce su arte en la ciudad de Simyra, y nos hace partícipes de sus reflexiones sobre la salud y la enfermedad, basadas en el contraste entre las prácticas médicas en Egipto y en Siria. Seguramente todo es inventado, pero a usted y a mí eso nos da igual, porque la vida y la muerte de los seres humanos son hechos que no cambian de un año para otro.

Por ahí se encuentra de nuevo a su amigo Horemheb. Ha hecho carrera en el ejército y le pide que se dé una vuelta por los países vecinos en misión de espionaje. Como médico, podrá conversar con todo el mundo y enterarse de esas cosas que no se dicen ante los enviados oficiales de un posible enemigo. De forma que Sinuhé y Kaptah visitan Mitanni, Babilonia, el país de Khatti o de los hititas, y Creta. Waltari nos lleva de jira por el Mediterráneo oriental. De paso nos dice muchas cosas importantes sobre política, filosofía y religión. Y su punto de vista sobre las guerras, que Horemheb expresa del modo más descarnado, es… bueno, ya me dirá usted qué le parece.

La historia empieza de verdad cuando nuestros dos amigos regresan a Egipto. Akhenatón, el “faraón hereje”, ha accedido al trono. Sus ideas religiosas lo llevan a un conflicto con la poderosa casta sacerdotal de Amón.

Y “hasta aquí puedo leer”… La edición que manejo tiene 653 páginas. El libro no tiene desperdicio. Y ya ve usted que me callo mucho más de lo que puedo contarle en el breve espacio de esta reseña…

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