(( Este artículo tiene pendientes TRES ilustraciones de Pep Tur… Han de ser en color ))

Ultima Hora, FDS, 23 y 30 de mayo y 6 de junio de 2003

Suponiendo que estamos de acuerdo en que un número de identificación europeo es un mal necesario, ¿cómo se monta eso? Será difícil «venderlo» si se impone como una obligación, porque a muchas personas no les dará la gana de numerarse. Pero las administraciones pueden ponérselo más fácil a quienes lo tengan… y más difícil a los que no. Y ya sabe usted que los filósofos llevamos siglos discurriendo sobre los límites del libre albedrío humano, sobre la voluntad como facultad del intelecto y sobre los mecanismos de la toma de decisiones. Mi aportación al debate es la división de los problemas en políticos y técnicos. La aplicación al caso particular que nos ocupa es darlo sólo a quienes lo soliciten expresamente… y lo paguen, como la ciudadanía romana. Y los demás seguirán siendo «provinciales», es decir, vencidos.

Los romanos consiguieron montar un intercambio comercial muy importante con un método de notación para escribir números y fechas sumamente engorroso. La razón es que hacían las operaciones con ábacos de guijarros. Los cálculos aritméticos se llaman igual que las piedras del riñón… porque resultan ser lo mismo. Afortunadamente, ahora tenemos procedimientos menos dolorosos para manejar las matemáticas.

Por otra parte, nos regimos por un almanaque que es la versión cristiana del calendario civil romano. Se basa en diversos ciclos naturales, astronómicos y/o sagrados, como el año solar, el mes lunar y la semana, que jamás cuadran entre sí y han dado muchísimos quebraderos de cabeza a los matemáticos. Han tenido miles de ideas brillantes para simplificarlo, como el «año comercial» de trescientos sesenta días, o la «fecha juliana» que los cuenta sin solución de continuidad del uno al trescientos sesenta y cinco. Pero no se puede decir que ninguna haya tenido verdadero éxito. Por eso seguimos organizando el tiempo en función de las crecidas del Nilo, de las dimensiones del depósito de agua de las clepsidras griegas y de otras reliquias del mismo jaez.

La lógica del sistema métrico decimal no consiguió desbancar este sistema arcaico para medir el tiempo. Por eso usamos relojes que dividen el día en veinticuatro horas de sesenta minutos y un calendario que parte del año 1 de la «era cristiana». Se supone que Nuestro Señor Jesucristo nació por aquel entonces. Las revisiones modernas han demostrado que la fecha era errónea. Bueno, a estas alturas da exactamente lo mismo.

El éxito del sistema no ha venido acompañado de una notación normalizada. Aquí predomina la forma día/mes/año. Pero en los Estados Unidos acostumbran a escribir mes/día/año. La menos ilógica es la año/mes/día, que permite ordenar fácilmente las listas de ciudadanos por edad. Y también simplifica mucho el tratamiento estadístico, la confección de padrones y censos electorales y las predicciones de los astrólogos.

En mi opinión, el número debe empezar con la fecha de nacimiento con ocho posiciones, en formato aaaa/mm/dd. Luego, un código que no tiene por qué ser una matrícula nueva. En nuestro caso, basta con reutilizar el NIF. En otros países comunitarios, lo mismo. Y para quienes procedan de países no comunitarios con sistemas de numeración eficaces y generalizados, como Argentina, Cuba o Israel, se puede utilizar también ese código. Al final pondríamos las dos letras del Estado del que éramos ciudadanos justo antes de ser europeos, como «es», «fr», «it» o «pl». Para quienes la tengan desde el nacimiento serían «eu». Y para los procedentes de otros países, lo mismo, poniendo las dos letras del Estado correspondiente, es decir, «ar», «cu» o «il». Con eso cortamos un bucle burocrático y «puenteamos» el trámite inútil de asignar un código como el NIE, que sólo valdría en uno de los Estados miembros. Este dato tiene el valor informativo añadido de que estas personas conservan su nacionalidad de origen en la mayor parte de los casos. Mientras no exista una verdadera ciudadanía europea sin «soporte» en alguno de los Estados miembros, el documento haría las veces de una residencia comunitaria. Falta legislación para saber si será temporal o definitiva.

Dejo en manos de los informáticos profesionales la decisión sobre qué dígitos y qué algoritmo deben servir para validar con el mínimo de cálculos la corrección del todo. Eso sí, las letras han de ir al final, para reducir los movimientos sobre el teclado en los casos en que sea preciso capturar los datos «digitalmente», o sea… a dedo.

La propuesta no tiene nada de original. Me he «inspirado» en el IBAN, International Bank Account Number, que recicla al máximo los sistemas para normalizar cuentas bancarias de ahora mismo. Muchos Estados ya incluyen en sus números de identidad la fecha de nacimiento. Es un dato que se captura prácticamente siempre en los ficheros de personas.

En cuanto a los datos variables, como el domicilio a efectos de notificaciones, el país de residencia fiscal, la cuenta bancaria designada para cobros y pagos de impuestos, la dirección electrónica, etcétera, basta mantenerlos actualizados en una sola base de datos. Esto permite la consulta en tiempo real desde cualquier terminal del mundo. Y nos ahorra el tiempo y los recursos informáticos que cuesta facilitar esas informaciones decenas o centenares de veces… y mantenerlas al día en decenas o centenares de ficheros públicos y privados.

Las nuevas tecnologías abren posibilidades cuyo único límite es la imaginación. Lo primero que se me ocurre es un sistema de notificaciones legales fehacientes. Usted se ocupa de mantener a la agencia más o menos informada de su paradero y las cartas verdaderamente importantes le llegarán… sin que los remitentes conozcan su domicilio. Otra idea similar es un redireccionador de correo electrónico. O la democracia telemática, que le permite votar desde su casa… o desde cualquier punto de acceso seguro a Internet del mundo. Esto convierte en antiguallas todos los sistemas actuales de recuento de sufragios y nos ahorrará los millones de horas de vida humana que se pierden contemplando las urnas electorales, casi siempre en días festivos. Etcétera.

Cuantas más ventajas tenga, más razones habrá para que solicitemos la ciudadanía europea… «voluntariamente», con todas las comillas que usted quiera. A los que no estén por la labor, basta con dejarlos en la situación de ahora mismo. Si le apetece, léase la Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, reformada por la Ley orgánica 8/2000, de 22 de diciembre, que regula su entrada, permanencia, trabajo y establecimiento, y los Reales Decretos que las desarrollan, empezando por el 178/2003, de 14 de febrero (BOE núm. 46 de 22 de febrero) y el resto de la legislación aplicable y subsidiaria. Si usted entiende algo… me lo explica.

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Eurolandia…

Extranjeros en Eivissa…

Imperio Romano…

Número de identificación fiscal  (Wikipedia.es)…

Código de Identificación Fiscal (Wikipedia.es)…

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