<<<

Hace 20 años, esos que el tango dice que no son nada, estaba yo embarcando en el BIO «Las Palmas» para formar parte de la primera expedición cívicomilitar que un buque de guerra español iba a desarrollar en la Antártida. Mi cometido era un tanto peculiar tratándose de un teniente coronel de Intendencia: nada menos que el de ser el naturalista de la expedición, nombrado como tal por el Estado Mayor de la Armada según consta en la Orden de Operaciones que se confeccionó para aquella ocasión. Mi programa era «Ecología» y, naturalmente —nunca mejor empleado el adverbio—, el naturalista cumplió con su deber al publicar seis ponencias científicas que después de dos viajes —pues volví a los hielos al año siguiente— vieron la luz en las actas de los primeros simposios antárticos que se celebraron bajo la tutela del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, entre ellas el primer catálogo de focas, cetáceos y aves que se realizó en la zona en la que España iba a desarrollar su actividad. Y por añadidura, aprovechamos y también hicimos el catálogo faunístico del paso del estrecho de Drake.

<<<

Un naturalista en la Antártida

>>>