Ultima Hora,  FDS,  (( fecha de publicación pendiente ))

 Ya he perdido la cuenta de las reformas de la enseñanza que llevo vistas (y algunas, sufridas) en este país. Como hace tiempo que estoy fuera del mundillo académico, no me considero lo bastante informado sobre la situación actual como para opinar. De manera que he pensado hablarle de un libro que plantea los problemas de la tarea pedagógica en un contexto bastante extremo. Es “Stalky & Co.”, de Rudyard Kipling.

Su obra más conocida quizá sea “El Libro de la Jungla”, el favorito de los Boy Scouts. Kipling nació en la India, pero a los pocos años sus padres lo enviaron a Inglaterra para seguir su educación… en un internado, naturalmente. Así que “Stalky” es un texto bastante autobiográfico.

Antes de seguir, conviene hacer unas cuantas observaciones previas. En Inglaterra, una “public house” es un “pub”, lo que aquí llamamos un bar. Por la misma regla de tres, “a public school” es un colegio privado. El que nos ocupa se llama Westward Ho! y está, o estaba, cerca de Bideford, en Devon. Está dividido en cuatro casas, como el de Harry Potter, que se conocen por el nombre de sus directores: King, Prout, Hartopp y Macrea.

A los alumnos más pequeños se les llama “fags”, y están efectivamente subordinados a los mayores. Entre éstos, los profesores nombran a unos cuantos como prefectos de disciplina. El cargo lleva aneja la posesión de una vara y la facultad de usarla… con ciertos límites. A partir de cierta edad, los alumnos que lo deseen pueden fumar, pero ello está rigurosamente prohibido a los más pequeños. Los profesores no necesitan reprimir el tabaco: lo hacen con mucha más, ejem, eficacia… los alumnos mayores, porque se trata de defender sus sacrosantos privilegios.

En este colegio asignan “estudios” a dos o tres alumnos de los últimos cursos. Son gabinetes con sillas, mesas y estantes para los libros, donde uno puede hacer sus deberes solo o en “petit comité”, sin compartir aula con todo el mundo. Stalky, M’Turk y Beetle son los titulares del Número Cinco, y los protagonistas de esta historia.

La acción comienza cuando Stalky encuentra las huellas de Mr. Prout en el suelo de su “cabaña”, un claro entre la retama que usan para fumar a escondidas. Sabe que son las suyas porque Mr. Prout es conocido entre el alumnado como el “Patas” (en el original es “Hoofer”, abreviado cariñosamente a “Heffy”), a causa del considerable tamaño de sus pies.

Como primera medida, Stalky se entrevista con Mr. Hartopp para que los apunte a los tres a la Sociedad de Historia Natural del colegio, más conocida como los “Cazadores de Bichos” (the Bug – Hunters). Y después va a contárselo a los otros dos. Ha obrado así porque los naturalistas, en bien de la ciencia, tienen unos límites de movimiento más amplios que los demás colegiales, y eso les facilitará el trabajo de buscarse otra “cabaña”. Pero Mr. Prout, cuya frase favorita es que está “in loco parentis”, en el lugar de los padres, les sigue los pasos y… “Quis custodiet ipsos custodes?”, ¿quién vigila a los vigilantes? ¿eh? Mr. Prout “et al.” caen en manos de… y hasta aquí puedo leer, porque me da la risa.

El resto del libro nos cuenta diversos episodios de los conflictos sin cuartel entre los colegiales y los profesores, entre unos colegiales y otros, y también, ay, entre los propios profesores. En esta guerra se usan habitualmente dosis enormes de violencia. Los castigos corporales son frecuentes… pero, comparados con las “novatadas” que gastan los mayores a los pequeños… o las amables conversaciones entre los maestros… Vaya, como dice alguien en cierto momento, “Llevas seis años aquí y aún esperas justicia (en inglés, “fairness”, que no es exactamente lo mismo). Bueno, eres un perfecto imbécil”.

La violencia es la “ultima ratio” del sistema. El Principal, el director de la escuela, la usa con mesura, mientras les dice cosas como “Et ego… in Arcadia vixi.” Porque “los muchachos se educan unos a otros, más de lo que nosotros podemos… o nos atrevemos”. Esto lo dicen unos profesores que no enseñan artes marciales, sino latín, francés o matemáticas.

Pues eso. Ahora que se vuelve a hablar de una reforma de la enseñanza (y van…), le sugiero que lea un libro escrito en el siglo XIX para ver qué aplicabilidad tiene a lo que estamos viviendo ahora mismo, mientras se ríe a carcajadas, como nuestros tres amigos. Sólo que ellos están limpiándose la sangre de la espalda después de llevarse una ración de leña…

Por cierto, las reválidas de Bachillerato eran instituciones democráticas e igualitarias, que servían para que los colegios “de pago” no “hinchasen” los expedientes académicos de sus alumnos con notas “de favor”, porque todos pasábamos exactamente el mismo examen. Alguien ha dicho últimamente que la reválida era “franquista”. Pues mire, yo debo saber algo de eso, porque viví más de veinte de mis años mozos bajo el poder del Generalísimo, y lo único que digo es que un examen más o menos, sin otras medidas sobre cuyo detalle no me creo capacitado para opinar, no va a resolver nada.

Otro día, si usted quiere, podemos hablar de otros libros de Kipling… Si le apetece que sea alguno en concreto, dígamelo en:

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o por la calle, como siempre…

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El texto de Stalky & Co. en inglés…

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