Dedicado a Martha Mier

En memoria de Antonio Estevan Estevan

La película empieza mostrándonos una radiografía del estómago del protagonista. Se llama Watanabe Kanji. Su apellido es uno de los más corrientes en Japón. Resulta ser el jefe del departamento de “Atención al Ciudadano” de un ayuntamiento cualquiera. Una voz en off nos explica que tiene cáncer, algo sobre qué es y qué no es Watanabe, y cómo funciona la oficina.

La acción comienza cuando unas mujeres vienen a quejarse por un muladar hediondo en Kuroe-cho. Quieren que el ayuntamiento sanee la zona y la convierta en un parque infantil. Hablan con un escribiente, y Watanabe le ordena que las dirija a la Sección de Obras Públicas.

Ahora, Kurosawa nos presenta a la señorita Odagiri, la protagonista femenina. Es muy joven y resulta ser la única mujer de la dependencia. Lee en voz alta un chiste de “humor de oficina” que le ha llegado escrito en un papel. Es lo que ahora se envía por correo electrónico, antes por fax, antes fotocopiado por la valija interna y antes aún… manuscrito en hojas volantes. Supongo que la costumbre es tan antigua como las propias oficinas. Esto es lo que nos dice:

– Nunca has cogido un día libre en el trabajo, ¿verdad?
– No.
– ¿Eres indispensable?
– No, es que no quiero que se den cuenta de que pueden arreglárselas sin mí.

La señorita Odagiri siempre dice la verdad, como los hobbits de Tolkien. Gandalf lo expresa así: ‘A most unquenchable hobbit! All wizards should have a hobbit or two in their care – to teach them the meaning of the word, and to correct them.’ Un hobbit del todo irreprimible. Todos los magos deberían tener un hobbit o dos a su cargo – para enseñarles el sentido de la palabra, y para corregirlos. Ya se sabe, los niños y los locos…

 

Watanabe tiene en un tirador del escritorio un documento titulado “Plan para incrementar la eficacia en la oficina”, que debió redactar cuando lo nombraron jefe de la dependencia, muchos años atrás. Lo rasga y usa el papel para limpiar su sello. Con eso, Kurosawa nos hace ver que ha renunciado a desempeñar cualquier tarea útil. Se ha convertido en una pieza más de un mecanismo que funciona al margen de las necesidades de la población.

Watanabe toma una medicina. La voz en off nos informa de que pasarán muchas horas vacías y muchos dolores de estómago antes de que se dé cuenta de lo que le está ocurriendo.

Mientras tanto, nuestras amigas han ido a la Sección de Obras Públicas… Allí obtienen de nuevo la respuesta habitual de la burocracia: desviar el asunto a otro departamento. Comienzan las típicas iteraciones del bucle infinito:

– Pero crear un parque es asunto de la Sección de Parques…
– Es una cuestión de Sanidad Pública. Es competencia del Centro de Salud.
– Sección de Sanidad, por favor.
– A Sanidad Medio Ambiental.
– … Medicina Preventiva.
– En Prevención de Epidemias.
– ¿Mosquitos, dice? Vayan a la Oficina de Control de Insectos.
– ¿Eliminación de aguas fecales? Eso es competencia de la Sección de Alcantarillado.
– Sí, fue competencia de la Sección de Alcantarillado, pero trazaron por allí una carretera y si no lo aprueba la Sección de Carreteras…
– La política del Departamento Municipal de Urbanismo aún no está definida, así que… pasen a Planeamiento Urbanístico.
– Estoy seguro de que el Cuerpo de Bomberos no quería que sanearan ese lugar. El suministro de agua es muy deficiente.
– ¡Tonterías! Necesitamos mucha agua. Pero no tiene por qué ser agua sucia y llena de mosquitos. Además, si utilizamos agua podrida nos costaría mucho limpiar las mangueras. Aunque sería una gran ayuda tener allí una piscina infantil. Consúltenlo en la Sección de Educación. O en el Servicio de Bienestar de Menores.
– Pero esto no atañe sólo a los niños, sino también al plan de construcción de escuelas. Un problema de esa magnitud debería pasar por un concejal de esta zona.

Esta vez, el burócrata ha pasado la pelota a la parte político-partidaria del Aparato. Visitan al concejal del distrito…

– Les haré una carta de presentación para el teniente de alcalde. Llevando mi tarjeta de visita, las recibirán enseguida.

…y al teniente de alcalde:

– Por favor, siéntense. Muchas gracias por haber venido. De verdad, nos agrada mucho que los buenos ciudadanos manifiesten francamente sus quejas, como hacen ustedes. Con este fin hemos creado la Sección de Ciudadanos. Así que preséntenlas sin reserva alguna… Acompaña a estas señoras a la Sección de Ciudadanos.

La serpiente político-burocrática se muerde la cola: el mismo escribiente les dice que…

– Vayan a la Sección de Obras Públicas, por favor. Ventanilla numero ocho.

Y en ese momento algo se rompe: las mujeres se rebelan, dicen varias cosas poco corteses y se marchan hacia la calle. Ahí entra en acción la segunda línea de defensa de la burocracia: el papeleo. El escribiente consulta al funcionario más antiguo, las para en la puerta y les dice:

– Perdonen, señoras… Es que hoy, desafortunadamente, nuestro jefe está ausente. Por favor, presenten una solicitud por escrito…

Han conseguido un registro de entrada para un documento: la burocracia hará algo con él. Por ejemplo: abrir un expediente, añadirle los oportunos informes técnicos cuando sean elaborados por los órganos competentes, desestimar la instancia, comunicar la decisión a las solicitantes por correo certificado con acuse de recibo, informándoles de los recursos que pueden presentar contra dicha resolución administrativa, y archivarlo todo – cuando llegue de vuelta el acuse de recibo – en alguno de los innumerables legajos que ocupan del suelo al techo las paredes de la dependencia, las mesas de los escribientes y – probablemente – los inmensos subterráneos del edificio, que no se ven pero se intuyen.

Y es que hoy Watanabe no ha venido a la oficina. La inusitada ausencia del jefe suscita comentarios a la hora del almuerzo:

– No parece estar muy bien últimamente…
– De todos modos, necesitamos su sello…

 

En Oriente los documentos no se firman, se autorizan con un sello personal que se llama “inkan” o “hanko” en Japón, “zhusha”, “zhuwen”, “baiwen” o “zhubaiwen xiangjianyin” en China, y “sirin” o “ingan” en Corea. Cada jefe de departamento tiene el suyo. Al parecer, Watanabe se lo lleva a su casa cada día.

– ¡Qué lástima! Sólo le faltaba un mes para cumplir treinta años sin faltar ni un día a la oficina…

Más adelante veremos la casa de Watanabe, y su alcoba: ahí tiene enmarcado el diploma que le dieron cuando cumplió veinticinco años de servicio.

 

 

Los escribientes más modernos hablan de la sucesión:

– Me pregunto quién ocupará el lugar del jefe…

La señorita Odagiri resume la filosofía del asunto con su concisión habitual:

– ¿Qué prisa tienen? Tendrían que morir muchos para que les tocase a ustedes.

Ahora, Watanabe está en una clínica. Acaban de hacerle la radiografía que abre la película. En la sala de espera, otro paciente -interpretado por un actor que se llamaba Watanabe en la vida real- le brinda una instructiva explicación sobre los síntomas del cáncer de estómago. Es una de las escenas más terroríficas que he visto en el cine. Entra en la consulta y, mientras vemos al fondo una enfermera, mantiene un breve diálogo con el médico que resulta aún más terrorífico.

 

En las siguientes escenas nos enteramos de que Watanabe es viudo desde hace muchos años. Vive con su hijo único y su nuera. Pasaremos sin comentario sobre lo que ocurre hasta que volvamos a la oficina… Entonces, la señorita Odagiri pregunta, sin dirigirse a nadie en particular:

– ¿Y qué voy a hacer yo?
– Bueno, en ausencia del jefe puedo tomar decisiones – dice el funcionario más antiguo.
– Pero hace falta su sello para mi carta de dimisión, ¿no?
– ¿Qué? ¿Piensa usted irse de aquí?

 

Enarbolando un “soroban”, el ábaco japonés, la señorita Odagiri nos dice:

– Este trabajo no me agrada…

Haremos otro “fast forward” sobre lo que ocurre hasta que la señorita Odagiri va en busca de Watanabe para que le selle el formulario de renuncia… Y “hasta aquí puedo leer”, porque ahora empieza de verdad la película.

El guión es de Hashimoto Shinobu, Oguni Ideo y el propio Kurosawa. Es de veras extraordinario. Kurosawa salta atrás y adelante en el tiempo de la narración como un caballo de ajedrez, sin que los espectadores pierdan el hilo en ningún momento. Usa el “flash back”, ese artificio tan difícil de manejar, como si fuese el bastón de una “majorette”. Y el desenlace de la película está a la altura del principio y del desarrollo.

No creo que Orwell viera “Ikiru”, que se estrenó en 1952. El protagonista de “1984”, publicada en 1949, es funcionario y se llama Smith, que es uno de los apellidos ingleses más corrientes… Podríamos buscar otras similitudes, pero no hace falta. Kurosawa y Orwell observan dos realidades de la misma época: es normal que se parezcan en algo. Y la naturaleza humana de ambos personajes es universal.

 

Shimada Kambei

Volveremos a encontrarnos con varios actores de “Ikiru” en “Los siete samurais”. Shimura Takashi tiene cosa de cuarenta y seis años de edad en la época del rodaje. Interpreta a un moribundo. Un par de años después es un héroe, el líder Shimada Kambei. El personaje está en perfecta forma física, y el actor resulta exactamente igual de creíble… Bokuzen Hidari es el funcionario Ohara y el campesino Yohei. Fujiwara Kamatari, correlativamente, Ohno y Manzo. Chiaki Minoru es el escribiente Noguchi y el samurai Hayashida Heihachi. Kimura Isao es el médico joven y el samurai Katsushiro. Katô Daisuke hace de yakuza en “Ikiru” y de Shichiroji, uno de los Buenos, en “Los siete samurais”. Miyaguchi Seiji también hace primero de Malo y después de Bueno. Lo curioso es que pone exactamente la misma cara en las dos películas. Y es que no se puede subestimar la importancia del contexto…

 

Antonio Estevan y José Manuel Naredo en La Maloca del Montgó, Denia, 14 abril de 2007.

 

Para terminar, una cita. José Manuel Naredo le ha dicho a Antonio Estevan:

“Antonio, adalid de la razón y el buen juicio independientes
terror de políticos maniobreros y de técnicos serviles e incompetentes
más de uno respirará tranquilo al saberte muerto…”

“Ikiru” es una reflexión sobre el sentido de la vida… “if any”, como dicen los ingleses. Cada vez que vuelva a verla recordaré la obra de Antonio Estevan, mi maestro y amigo. Seguiré su ejemplo y la continuaré.

 

Antonio no usaba sombrero…

<<<

Gondola no uta (Wikipedia en inglés)…

Antonio Estevan Estevan…

Administración única…

>>>