Hace bastantes años leí en «Cambio 16» un texto sobre el sexismo en el lenguaje que me interesó mucho.

Cuando puse en marcha el site lo busqué para publicarlo y darle difusión. Era éste:

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Álvaro García Meseguer – Sexismo y lenguaje

Miembro de la Junta Directiva de la Asociación para la Expansión Cultural

 

Cambio16, número 260, 11 de noviembre de 1976

 

Están totalmente ausentes trabajos sobre cómo los hábitos lingüísticos refuerzan las actividades racistas y sexistas en la cultura americana, así como indicaciones que puedan cambiar esta situación.

F. J. Newmeyer y J. Emonds

La estructura de muchos idiomas, entre ellos el castellano, conduce a identificar, cuando se alude a personas, el género gramatical con el sexo. Esta trágica circunstancia debida al sexismo secular de la sociedad es a su vez inductora de sexismo. La lengua, resultado de los hábitos culturales del pasado, condiciona la estructura mental de los hablantes y, con ello, también los hábitos culturales futuros. Tremendo círculo vicioso: el idioma es sexista porque la sociedad lo ha sido y la sociedad será sexista porque el idioma lo es.

En este terreno, cada día son más las personas empeñadas en llevar adelante una revolución cultural. Pero ésta no será posible sin transformar profundamente el idioma. Ambas revoluciones deben andar parejas.

El idioma nos es necesario para pensar. Mas aún, no podemos estar seguros de que pensamos una cosa hasta después de haberla dicho. Si la estructura del idioma es machista, el resultado es que desde niños vamos formando nuestra mente y nuestros esquemas valorativos en el machismo. El idioma es por ello, aunque no nos demos cuenta, un condicionante último de la conducta.

Como en castellano se emplea el género gramatical masculino como género extensivo, es decir, aplicable no sólo a varón, sino también a persona (con valor genérico), la consecuencia es, casi siempre, una ambivalencia semántica y siempre, una ocultación de la mujer, al par que una masculinización rutinaria de la mente: el varón (género gramatical extensivo) llena el mundo, la mujer (género gramatical específico) constituye un grupo aparte.

Necesitamos una señal gramatical nueva que corresponda a persona, utilizable en los casos de plurales relativos a grupos mixtos (cada vez más frecuentes, a medida que van desapareciendo los apartheids sexuales) así como en los casos en que se desea aludir a una persona sin conocer su sexo (cada vez más frecuentes, a medida que se van comunizando las profesiones y actividades de todo tipo). El género masculino debe quedar reducido, como es el caso del femenino, a género específico.

Como las desinencias en o y en a son, en la mayoría de los casos, las propias del masculino y el femenino, una solución sencilla consiste en asignar la desinencia en e al género común, es decir, a la persona.

Así, cuando une se dirija a un grupo en una conferencia, en una carta circular, etc., podrá comenzar diciendo «querides amigues». I.es trabajadores podrán escribir en sus pancartas reivindicativas «estamos hartes de ser explotades». Les polítiques podrán llamar compañeres a sus partidaries. Les progenitores podrán educar a sus hijes más fácilmente en forma no sexista. En los periódicos, los anuncios por palabras solicitarán une cocinere, une abogade o une secretarie. La prohibición de especificar sexo al ofrecer un empleo existe ya por ley en el Reino Unido.

Por supuesto que muches lingüistes van a poner el grito en el cielo (probablemente, más los lingüistas que las lingüistas), pero eso poco importa. Hay que revolucionar el lenguaje, que no es sólo de les expertes, sino del pueblo todo que lo habla. La pureza, la tradición, etc., están muy bien cuando no son injustas o dañinas y, en este punto, hay daño e injusticia en el castellano heredado. Por eso, en la ciento sesenta millonésima parte que me corresponde de la propiedad que compartimos les hispanohablantes y en el supuesto de que algunas otras ciento sesenta millonésimas partes se unan a la idea, yo me propongo no utilizar más el género masculino en su sentido genérico, sino que utilizaré la variante en e o cualquier otra solución análoga que no oculte a la mujer, al menos hasta que otres más listes propongan soluciones mejores. ¿No están cambiando les ingleses su sistema tradicional de medidas por el métrico decimal? ¿No cambiaron les sueques el sentido de circulación por carretera? ¿Por qué no pueden dar les españoles este ejemplo de ingeniería lingüistica al mundo, retocando su idioma para que no induzca al sexismo?

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